El mal de altura (AMS de sus siglas en inglés, Acute Mountain Sickness) es una circunstancia que siempre se ha de tener presente en el Himalaya. A diferencia de España en que las mayores altitudes apenas superan los 3.500m y donde nuestra exposición a este riesgo será de apenas 1 o 2 jornadas, en el Himalaya superaremos en muchas ocasiones los 5.000m de altitud y será considerable el número de días que pasaremos en altitudes superiores a los 4.000m.

De ahí la gran importancia en dedicar tiempo a una buena aclimatación. En la mayoría de casos, por no decir todos, en que se produce el mal de altura, son debidos a una incorrecta y a veces nefasta aclimatación. Es muy probable que en las 24h anteriores a nuestra llegada a Nepal, vengamos de una entorno cercano al nivel del mar. Si tenemos demasiada prisa, al día siguiente tomaremos un vuelo que en apenas una hora más nos llevará a casi 3.000m. Consecuencia: en apenas 48h habremos pasado de un entorno de altitud prácticamente cero a otro a casi 3.000m, donde la concentración de oxígeno es muy inferior y sin apenas tiempo para que el cuerpo se haya acostumbrado a estas nuevas condiciones.

Adicionalmente, a lo largo de nuestra ruta, las prisas de la mayoría, los apretados programas y las agencias sin escrúpulos harán que en poco tiempo tengamos que subir a mucha altura. Nuestro organismo no tendrá tiempo de aclimatarse a las nuevas condiciones de altura y presión atmosférica y es ahí cuando el temido mal de altura puede hacer su aparición.

En sus primeras etapas, sus síntomas característicos  más frecuentes son:

  • Dolor de cabeza
  • Nausea
  • Pérdida de apetito
  • Dificultad para dormir
  • Pequeños mareos
  • Disminución de la micción y color amarillento de la misma (síntoma inequívoco de deshidratación)

Estos síntomas no son peligrosos en sí mismos. Son tan solo un aviso de que debemos disminuir la velocidad de nuestro ascenso o incluso detenerlo por completo. Es posible que también debamos pasar alguna noche extra a una altitud inferior para paliar esos síntomas en caso de que se agudicen. Si esto nos ocurre, por seguridad deberemos descender lo suficiente hasta que los mismos remitan o incluso desaparezcan y tomarnos las jornadas siguientes con una mayor tranquilidad.

¿Por qué se produce?

A medida que ganamos altitud, la presión atmosférica va disminuyendo y la cantidad de oxígeno disponible en la atmósfera es cada vez menor. El cuerpo ha de realizar un gran esfuerzo para adaptarse a esa menor cantidad de O2 y cualquier actividad física requiere de un gran coste energético. Normalmente comienza a manifestarse a partir de los 3.500m pero hay personas que ya lo notan a cotas inferiores (3.000 o incluso 2.500m).

Dependiendo de nuestra experiencia previa en altura deberemos adaptar nuestra progresión en mayor o menor medida. Si se han tenido experiencias previas, nos resultará mucho más fácil ya que normalmente el cuerpo tiene un mecanismo de “recuerdo” que nos facilitará la adaptación. Si no es así la regla de oro es no ascender demasiado deprisa (máximo unos 400m diarios de desnivel por encima de los 3.500m) y estar siempre atentos a las señales de aviso.

En la mayor parte de los casos, si hacemos las cosas correctamente no ocurrirá nada, sólo unos pequeños dolores de cabeza y dificultad para dormir. Esto no podremos evitarlo pero no correremos mayor peligro. En caso contrario, si queremos ir demasiado deprisa y no hacemos caso a los consejos de ascenso progresivo, podemos pagar cara nuestra osadía y puede que lleguemos a un punto en el que nuestro estado nos obligue a descender de forma urgente e incluso tener que ser evacuados si es que los síntomas empeoraran gravemente.

Cómo evitarlo el AMS

Los pilares sobre los que se ha de asentar nuestra correcta aclimatación son:

  • Ascenso progresivo. No superar los 400m de desnivel diarios por encima de los 3.500m.
  • Una correcta hidratació Al menos ingerir 2 litros de agua diarios a parte de otros líquidos como puedan ser té o bebidas isotónicas.
  • Estar atentos a cualquier síntoma de los descritos arriba y actuar en consecuencia ante señales de empeoramiento.
  • No tener prisa en completar las etapas. Disfrutar de la experiencia, no correr ni competir.


¿Por qué ellos no y yo sí?

Podemos preguntarnos por qué a los Sherpas o a las comunidades Andinas no solemos verles que sufran de este mal. La clave es que ellos se han acostumbrado a estas condiciones, viviendo en poblados o ciudades a 4.000m o más de altitud, lo cual es la prueba de que la altitud no es mala en si misma sino una incorrecta aclimatación a ella. Cuando estas condiciones cambian, por ejemplo al escalar una montaña de 7 u 8.000m, ellos también necesitan un proceso de aclimatación, si bien parten con la ventaja de estar ya mucho más acostumbrados que nosotros a estas variaciones de oxígeno y presión.

En Montañas de Viajes preparamos las rutas de forma que evitemos en la medida de lo posible que aparezca el mal de altura para nuestros participantes. Se programan las rutas de forma adecuada y se tiene en cuenta en todo momento cual es la historia personal de cada miembro de la expedición a fin de evitar este posible  y a veces molesto inconveniente.

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